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¿Se puede recuperar el olfato? Cómo funciona la rehabilitación

Qué sabemos sobre la pérdida postviral persistente, la anosmia, la hiposmia y la parosmia

La recuperación del olfato puede ocurrir, pero esperar indefinidamente no es un tratamiento. Cuando la alteración persiste después de las primeras semanas, la rehabilitación olfativa ofrece una forma estructurada de estimular el sistema y seguir su evolución. El resultado varía entre personas y no siempre implica volver al cien por ciento.

Desde 2011 investigo el olfato y el gusto desde la neurociencia y la práctica clínica. Trabajé con pacientes en el Hospital Mayor de Verona, me formé directamente con el profesor Thomas Hummel en la Universidad de Dresden y, durante y después de la pandemia, seguí trabajando en el tema, acompañando y orientando a cientos de pacientes y profesionales en la recuperación del olfato y del sabor.

Por qué esperar puede hacer perder tiempo

Una de las frases que más escuché de personas con pérdida del olfato después de una infección fue: “me dijeron que esperara porque ya iba a volver”. Durante las primeras semanas puede haber recuperación espontánea. El problema aparece cuando esa espera se prolonga aunque el olfato no se haya normalizado.

La evidencia disponible respalda iniciar una intervención cuando la disfunción olfativa persiste más allá de la fase inicial de la infección. En la práctica, si el olfato no se normaliza dentro de las primeras dos a cuatro semanas, tiene sentido evaluar la causa y comenzar una rehabilitación, en lugar de asumir que el tiempo resolverá todo por sí solo.

Esto no significa que cada persona deba seguir el mismo esquema. La pérdida puede manifestarse como anosmia, cuando prácticamente no se perciben olores, hiposmia, cuando la capacidad está disminuida, parosmia, cuando los olores reales se perciben distorsionados. Este artículo se centra en la pérdida postviral persistente, incluida la asociada a COVID-19, y en esas alteraciones cuantitativas y cualitativas. Los cuadros postraumáticos requieren consideraciones diferentes y quedan fuera de este enfoque.

Por qué el olfato puede recuperarse

El sistema olfativo conserva una capacidad poco frecuente en el sistema nervioso: las neuronas receptoras del epitelio olfativo se renuevan como parte de su ciclo natural. Sin embargo, regenerar células no es suficiente. Las nuevas señales tienen que alcanzar el cerebro y ser interpretadas como patrones reconocibles.

Cuando olemos café, por ejemplo, los receptores no detectan la palabra “café”. Responden a diferentes moléculas, y el cerebro integra esa información con recuerdos y aprendizajes previos. Después de una lesión postviral, el sistema puede recuperar parte de sus componentes, pero no siempre puede reconstruir completamente el patrón original. Por eso algunas personas empiezan a detectar olores, pero todavía los sienten como quemados, químicos, podridos o irreconocibles.

El entrenamiento olfativo utiliza la exposición repetida y consciente a odorantes para estimular esa recuperación funcional. Thomas Hummel y su equipo publicaron en 2009 el protocolo que se convirtió en la base de la rehabilitación olfativa moderna: cuatro aromas de familias diferentes, utilizados de forma repetida durante al menos doce semanas. Estudios posteriores mostraron sus beneficios en la pérdida postinfecciosa y observaron que extender el entrenamiento o rotar los aromas puede aportar ventajas en algunos pacientes.

Qué es el entrenamiento olfativo

El entrenamiento olfativo no consiste en acercarse sustancias cada vez más fuertes a la nariz. Tampoco busca comprobar varias veces al día si la persona “ya huele”. Es una práctica pautada que combina repetición, atención y tiempo.

En su forma clásica se utilizan cuatro odorantes representativos de familias olfativas diferentes. Se realizan dos sesiones breves por día, de aproximadamente cinco minutos cada una. La constancia es importante porque la neuroplasticidad depende de la repetición. Como sucede al aprender un idioma o tocar un instrumento, una sesión aislada no consolida un circuito.

Los consensos clínicos consideran el entrenamiento olfativo una intervención de primera línea para la pérdida postinfecciosa porque es accesible, de bajo riesgo y cuenta con más respaldo que muchas alternativas farmacológicas o suplementos promovidos como soluciones universales.

Cuánto tiempo puede tardar la recuperación

No existe un tiempo que se aplique a todas las personas. Algunos pacientes registran cambios importantes dentro de los primeros tres meses. Otros necesitan seis, nueve o más meses para consolidar lo que recuperan. La edad, la causa, el tiempo transcurrido, otras condiciones clínicas y la adherencia al tratamiento influyen.

También importa qué entendemos por recuperación. Puede mejorar la intensidad de olor percibida, lo que llamamos dimensión cuantitativa, o la capacidad de identificar y diferenciar correctamente los aromas, que corresponde a la dimensión cualitativa. Una persona puede volver a detectar un olor y todavía no reconocerlo bien. Otra puede recuperar gran parte de su vida cotidiana aunque conserve una distorsión puntual.

No todas las personas llegan al cien por ciento. Aun así, recuperar olores alertantes como el humo, reconocer el propio aroma corporal o volver a disfrutar determinados alimentos puede producir una mejoría relevante en la seguridad, la autonomía y la calidad de vida. Algunas personas deciden finalizar el entrenamiento al alcanzar ese objetivo. Otras prefieren continuar para recuperar lo máximo posible.

Cómo reconocer las primeras señales de mejoría

La recuperación rara vez avanza en línea recta. Al comienzo pueden aparecer percepciones breves o fluctuantes. Un aroma vuelve durante unos segundos y desaparece, un alimento recupera parte de su sabor, una familia aromática mejora antes que otra.

En personas con anosmia o hiposmia, la aparición de parosmia puede coincidir con una fase de recuperación. Significa que el sistema vuelve a transmitir señales, aunque todavía se interpreten de forma desorganizada. La evidencia muestra que la parosmia mejora con entrenamiento, y que la adherencia al tratamiento influye en algunos resultados, aunque depende mucho de los antecedentes clínicos de cada paciente.

Por este motivo recomiendo registrar la evolución en un diario. La percepción de un día aislado puede depender de la fatiga, el ambiente o la intensidad del estímulo. Una serie de registros permite observar una tendencias: qué familias aromáticas se recuperan, cuáles permanecen disminuidas y qué distorsiones empiezan a cambiar.

La parosmia también afecta la alimentación y la salud mental

La parosmia no es simplemente que algo “huele feo”. Puede volver impredecible la comida, transformar aromas familiares en señales de peligro y afectar el apetito, el peso, los vínculos y la vida social. El impacto emocional merece atención propia. La disfunción olfativa se asocia con menor calidad de vida y con síntomas depresivos, especialmente cuando es intensa o persistente.

El caso de Natalia, una paciente mía, fue viralizado en el podcast de Radio Ambulante, y justamente muestra esta dimensión en primera persona. Después de COVID-19, la comida, los cosméticos, el humo y hasta su propia casa se volvieron sensorialmente hostiles. Había pasado por distintos profesionales sin encontrar un tratamiento útil. Comenzó una rehabilitación conmigo basada en entrenamiento olfativo y estimulación audiovisual, y también recibió atención psiquiátrica para la ansiedad y la depresión. Tiempo después refirió estar recuperada en un 98% de la parosmia y haber reconstruido una relación normal con la mayoría de los alimentos.

Su evolución no permite atribuir el resultado a una única intervención, ni predecir lo que ocurrirá en otra persona. Sin embargo, muestra por qué la rehabilitación debe considerar la percepción, la alimentación y el estado emocional como partes de un mismo proceso.

La evolución depende de cada paciente

A lo largo de mi trabajo con personas con alteraciones del olfato y del sabor, vi evoluciones muy diferentes. Pacientes adultos mayores que reportaron tener menos del 10% de su capacidad olfativa, con una calidad de vida muy afectada, refirieron alcanzar cerca del 95% después de un año de tratamiento, quedando solo una leve distorsión de ciertos aromas aliáceos. 

También acompañé a pacientes jóvenes que decían no sentir el sabor de las comidas o de su propio cuerpo y, después de tres meses de entrenamiento constante, habían recuperado entre el 85-90%. Son valoraciones subjetivas de casos clínicos, no porcentajes de eficacia ni garantías para otras personas. Sirven para mostrar que la edad y la situación inicial influyen, pero no determinan por sí solas el resultado.

Por qué un programa personalizable aporta algo diferente

Si bien el entrenamiento olfativo es un punto de partida sólido, las alteraciones de los pacientes no son idénticas. Dos personas con hiposmia pueden conservar familias aromáticas diferentes. En la parosmia, alguien puede tolerar los cítricos y no soportar la cebolla, otra persona puede reaccionar aversivamente al café, al huevo o a los aromas tostados.

Por eso desarrollé una metodología que mantiene el entrenamiento olfativo de Hummel como base, pero que incorpora herramientas propias basadas en la neurogastronomía y estimulación multisensorial. El primer paso es un cuestionario que permite identificar qué aromas y sabores están disminuidos, cuáles están distorsionados y cuáles conservan una percepción normal. A partir de ese mapa se seleccionan ejercicios concretos que funcionan como módulos personalizables, y que responden los problemas puntuales de esa persona.

El programa también incorpora material audiovisual diseñado para potenciar tanto el entrenamiento olfativo como los ejercicios específicos. La información visual y auditiva permite una estimulación multisensorial para enfocar la atención, activar asociaciones y facilitar el acceso a la memoria olfativa.

Kits comerciales y aromas de uso cotidiano

No es obligatorio comprar un kit comercial para empezar, de hecho en muchos países no se consiguen. Los cuatro odorantes clásicos pueden prepararse con aceites esenciales adecuados y conservarse correctamente. Tampoco hace falta buscar el olor más potente. Lo importante es que cada estímulo siga pautas puntuales y represente la familia aromática que se quiere entrenar de forma consistente.

En programas prolongados pueden rotarse los aromas para ampliar la estimulación. Sin embargo, elegir un frasco es solo una parte del proceso. La modalidad de inhalación, la atención, el registro, la tolerancia y la adaptación a los síntomas determinan cómo se integra esa herramienta en una rehabilitación personalizada.

Cómo se evalúa la evolución

La olfatometría permite establecer una línea de base y repetir la medición al finalizar una etapa. Puede evaluar umbral, discriminación e identificación, según el test utilizado. Es una herramienta muy valiosa, pero no es imprescindible para iniciar el entrenamiento.

En mi experiencia, algunos tests pueden producir resultados contradictorios cuando incluyen aromas poco familiares para el contexto cultural de la persona o cuando la calidad de los odorantes se ha deteriorado, o el especialista no tiene tanta experiencia haciendo estos estudios. Por eso un cuestionario bien estructurado junto a un diario de seguimiento son herramientas muy valiosas, porque permiten tener un registro a lo largo de la rehabilitación.

Vitaminas corticoides y remedios naturales

No existe una vitamina, alimento o suplemento que regenere de manera universal el olfato. Corregir una deficiencia confirmada o tratar una condición clínica específica puede ser necesario, pero eso no sustituye la exposición repetida al estímulo.

Los corticoides pueden tener peso cuando existe inflamación en las vías respiratorias altas y hay una indicación clínica que lo justifique. No deben presentarse como un tratamiento general para toda disfunción olfativa. Lo mismo ocurre con los suplementos, la evidencia cambia según el compuesto y el contexto, y no permite convertirlos en una recomendación indiscriminada.

También conviene evitar sustancias irritantes, vapores agresivos o prácticas caseras que buscan forzar la percepción, y que pueden dañar más a las células afectadas. Más intensidad no equivale a más rehabilitación. El objetivo es estimular de forma segura, repetida y tolerable.

Qué incluye mi programa de rehabilitación

El Manual Práctico de Rehabilitación Multisensorial del Olfato y Sabor permite construir un programa autoguiado y personalizable. Está dirigido a personas con pérdida postviral persistente, anosmia, hiposmia o parosmia y también puede ser utilizado por profesionales como herramienta estructurada.

El programa incluye:

  • Fundamentos para comprender la pérdida del olfato y su recuperación
  • Cuestionario para mapear aromas y sabores disminuidos o distorsionados
  • Instrucciones para preparar y utilizar tres kits de entrenamiento olfativo
  • Calendario de rotación
  • Diario para seguir la evolución de las familias olfativas
  • Videos propios de estimulación multisensorial
  • Ejercicios complementarios por familia aromática, ingrediente y síntoma
  • Recomendaciones para sostener la alimentación y la seguridad en la vida cotidiana

La primera etapa dura doce semanas. Si la persona necesita continuar, puede pasar por los tres kits hasta completar treinta y seis semanas, equivalentes a nueve meses. No incluye acompañamiento profesional individual. Durante la oferta de lanzamiento, el acceso incluye excepcionalmente una reunión grupal conmigo para compartir dudas y experiencias.

Cuándo hace falta una evaluación clínica

Antes de atribuir una pérdida persistente a una infección o a la edad, es importante considerar otras causas. Una obstrucción nasal, una enfermedad inflamatoria, un medicamento o una condición neurológica pueden requerir un abordaje diferente. También merece evaluación una pérdida súbita sin causa clara o acompañada por otros síntomas.

La rehabilitación no reemplaza el diagnóstico ni garantiza un resultado. Su función es ofrecer una estrategia concreta cuando el olfato necesita estimulación personalizada y la persona quiere recorrer ese proceso con una estructura clara.

Empezar una rehabilitación con expectativas realistas

Recuperar el olfato no consiste en esperar una señal perfecta. Muchas veces comienza con fluctuaciones, percepciones incompletas o pequeños cambios que solo se vuelven visibles al registrarlos. La constancia permite que esas señales tengan la oportunidad de consolidarse.

Si tu olfato no se normalizó después de una infección, o si convives con hiposmia, anosmia o parosmia, puedes conocer si mi programa personalizable se ajusta a tu situación.

María Jimena Ricatti
Médica, Universidad de Buenos Aires, Argentina.
Doctora en Neurociencia, Universidad de Buenos Aires, Argentina.
Neuroscientist, Consumer Experience & Innovation Strategist | Founder

Maria Jimena Ricatti

Médica y Doctora en Neurociencia, fundadora de sensorytrip. Integro neurociencia, sistemas sensoriales, consumer experience y contexto cultural para analizar productos, experiencias e innovación.