¿Qué es el efecto Dubai? Hoy en día todo tiene su versión Dubai. ¿De qué se trata este fenómeno y cómo logró tanta repercusión?
El auge de la textura
La particularidad de este chocolate va mucho más allá del sabor del pistacho y de cómo pasó a ser un ingrediente tan viral. La clave que hace la diferencia en este caso es la textura que hace que este chocolate sea tan diferente.
El relleno combina la pasta cremosa de pistacho con un elemento muy novedoso: el fideo kataifi.
Estos fideos finos, crujientes y tostados adquieren una estructura quebradiza que cambia la dinámica de la experiencia, que pasa de ser previsible a novedosa.
Esto genera un contraste que el cerebro procesa como un estímulo que llama la atención, diferenciándolo de las texturas homogéneas habituales de los rellenos de los chocolates.
La clave del éxito
El éxito de esta combinación se explica por cómo el cerebro integra diferentes sentidos al mismo tiempo. Al morder el chocolate, no solo percibimos el gusto, sino que se activa un componente crítico: el sonido.
La experiencia es una secuencia de consistencias, desde la fractura inicial de la capa externa de chocolate hasta el contraste entre la cremosidad del relleno y el estallido intermitente de los fideos.
El mercado ha capitalizado esta fascinación sensorial para posicionar productos en un escalón de precio premium.
No es solo una tendencia estética de redes sociales, es una acción estratégica que utiliza la expectativa sensorial para generar percepción de valor. Los productos que logran el éxito son aquellos que respetan el ADN conceptual, entendiendo que el consumidor paga por una expectativa de experiencia que vio en las redes o que ya conoce y quiere repetir.
El riesgo de fallar en el diseño
Un error común que puede darse es no mantener el ADN del concepto
Por ejemplo, diseñar un producto con un relleno de pistacho pero omitir el kataifi crocante, como sucedió con una marca emblemática de alfajores argentinos en su versión Dubai. Es cierto que el consumidor asocia pistacho con el chocolate Dubai, pero su principal diferencial es el kataifi.
Desde la neurociencia del consumidor, esto genera una disonancia: lo que el cerebro espera no coincide con lo que percibe. Cuando falta un elemento sensorial clave, como el crujido del kataifi, el cerebro identifica el producto como incompleto o de menor calidad.
Para que un producto sea exitoso, debe responder fielmente a la memoria sensorial que el público ya codificó como la “experiencia Dubai”, que claramente no es solo el sabor pistacho.
En conclusión, aunque el efecto Dubai pueda ser una tendencia pasajera, deja una lección estratégica clara: la textura dejó de ser un atributo secundario para convertirse en elemento crítico de diferenciación. El comensal actual ya no busca solo un perfil de sabor, sino una experiencia sensorial completa donde la textura moldea el placer y la recompensa. Ignorar esta jerarquía en el diseño de producto es, hoy, el camino más rápido hacia la irrelevancia.